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domingo, 3 de marzo de 2013

Cartas a Julieta

Verona, qué ciudad tan bella. Sus calles llenas de gente que pasean sonrientes y enamoradas de la vida. Admiro todo su sabor mientras observo su esplendor y sus maravillosos pasillos rodeados de flores. Cualquier detalle es hermoso en esta ciudad, todo cuanto ves te obsequia con armonía. Me encuentro sentada en un banco, en medio de una extensa avenida sintiendo como mi pelo es acariciado por la brisa. Me encantaría visitar el muro de Julieta, ese tan famoso donde todas las chicas colocan sus cartas de amor esperando una respuesta esperanzadora que les facilite el camino y les ayude a decidir que hacer. Debe de ser precioso o eso es lo que todos dicen.
Llevo sentada aquí media hora y no me canso, pero prefiero pasear un rato y así podré sacar fotos y disfrutar de todo el paisaje. De repente, ¡Cuidado, una bicicleta!, he caído al suelo junto con mis libros y mi cámara de fotos, ¡qué patosa!, aunque también es culpa del conductor o la conductora de ese mecanismo a dos ruedas que nunca he sabido manejar. Hago ademán de levantarme pero alguien sujeta mi mano y me ayuda, y lo miro. Unos ojos grandes y verdes, muy brillantes me han mirado. ¡Qué regalo tan bonito! Es un chico bastante apuesto, se ha disculpado, parece un encanto.
Aún sujeta mi mano, no puedo creerlo, me ha sonreído, nunca había contemplado una sonrisa tan blanca. Yo también he sonreído, no he podido resistir la tentación y me he sentido bien. Me ha invitado a dar un paseo como disculpa y he aceptado. Nunca antes había salido con un chico, espero que todo vaya genial.
Me ha enseñado todos los rincones de Verona, incluso me ha dejado apuntado su número por si quiero volver a verlo, sinceramente es encantador y me ha tratado tan bien.
Antes de irse me ha besado en la mejilla y mi corazón a palpitado demasiado fuerte. Será una señal, y ahora Julieta, ¿que debo hacer?


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