Se supone que estoy rodeada de gente pero igualmente me encuentro sola, quizás sean cosas mías o lo interprete mal, pero hay instantes en los que si me siento así. Me río, bailo, corro, salto, etc. pero me sigue faltando algo y, en ese momento, sin saber muy bien por qué lloro sin parar como una niña indefensa, como una estúpida y ni siquiera me entiendo yo misma.
Quiero desaparecer por un instante para que nadie observe mi fragilidad, para que la coraza no se rompa, para seguir siendo la más fuerte. Me rindo y sin más lloró, hasta que se agotan las lágrimas.
Y aparecen ellos, dos personas inmensamente grandes aunque uno sea delgado y la otra de pequeño tamaño, y me abalanzo a sus brazos, y escondo mi cabeza en su pecho y pido que me abracen sin una explicación, y ellos lo hacen. Me miran y se ríen inocentes, pidiéndome que reaccione, que no pasa nada, al fin y al cabo, todo es tontería. Consiguen sacarme una sonrisa y ella marcha.
Él se queda conmigo y me acurruca entre sus brazos, me habla bajito al oido y me llama tonta por lo que hago y yo lo reconozco. Me dice que llorar me pone fea y hace que sonría aunque no tenga ganas.
Habla conmigo, me comprende, me abraza, me consuela y deja que ahogue mi inquietud en sus miradas. Lo quiero tanto...
Luego, aparece de nuevo ella, y me pregunta como sigo, me abraza de nuevo y me dice que siempre estará ahí, que confíe en ella, que si la necesito la busque, y yo la creo.
Entonces, ya no me siento sola.