Lunes 16 de mayo de 2011. Eran las 16:00 h en el aeropuerto de Las Palmas. Mi ojos no paraban de observar cada una de las pantallas que indican las entradas y las salidas de los vuelos; deseaba que llegara el mío, bueno todos lo deseábamos. Era mi primer viaje fuera de las Islas y aún no me parecía creíble, estaba tan emocionada que ni siquiera puse atención a lo que nos decían los profesores. Todo era perfecto, la gente corría de un lado a otro sin parar; iban y venían azafatas, gente con maletas enormes vestidos de traje, mujeres y hombres coloreados por el sol, y todo lo que podemos encontrarnos en un aeropuerto.
Llegaríamos a la península sobre las 21:00 h (20:00 h aquí), una guagua nos llevaría al albergue y caminaríamos de noche por las callejuelas de Santander. Estaba deseando llegar y ver como era todo.
Subí al avión a eso de las 18:30 o eso creo, y me senté junto a la ventana para poder encaminarme sobre el enorme y azul mar que me esperaba hasta llegar a la tierra.
Cantabria era hermosa, el verde de sus campos llegaba hasta la playa y olía a mar en todas partes, me sentía como una persona libre, me enamoré de ese lugar. Recorrí San Vicente de la Barquera, Santillana del Mar, el Parque de Cabárceno, la conservera (que no tenía un olor realmente agradable), y todo era un sueño. Nos vistaron compañeros de Cuenca y Murcia más los propios de Cantabria, estudiantes de I.E.S La Granja y fue muy divertido.
No sé como interpretar una experiencia como esta pero fue magnífica, mantuve el sueño durante una semana más porque era algo impresionante. Me enamoré de ese lugar y prometo que viviré ahí cuando sea una adulta.


