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viernes, 1 de febrero de 2013

Febrero

Febrero y sus mañanas llenas de cantos. Febrero y las tardes frías de películas y amigas. Febrero y él.
Febrero y una mañana brillante dentro de una extensa cocina haciendo un pastel.  Él y yo nos encontrábamos en la cocina jugando con harina y mezclando ingredientes. Habíamos tenido la inoportuna ocurrencia de hacer un pastel y, más que centrarnos en eso, habíamos manchado toda la encimera. A pesar de eso, me sentía feliz, era un momento feliz porque lograba recordar las innumerables tardes que mi abuela y yo pasábamos en la cocina por el mismo motivo durante mi niñez. 
Me perdí en mis pensamientos durante un segundo, dejé la masa que había enredado en mis dedos sujeta a la tabla de madera y me acerqué a la ventana. Él me siguió con la mirada. Me asomé y pude vislumbrar a los pequeños pájaros que cantaban posados en un árbol, el paisaje en aquel lugar era muy hermoso. Cantabria.
De repente sentí que algo golpeaba mi brazo, cuando volví en mí observé que en su mano había un puñado de harina y que en mi hombro había chocado otro. Eché a correr hacia la mesa y cogí otro puñado, lo tiré sobre su blusa y él me devolvió el golpe dándome en el estómago. Sin embargo, fue más veloz que yo, y antes de que pudiera coger otro había estampado la masa contra la mesa, por lo que la harina sopló en mi cara. Mi pelo y mi lado izquierdo quedaron llenos de ese espeso y blanco polvo, comencé a toser como una tonta a la vez que reía sin parar, y él se acercó a mí para ayudarme. Me acarició la mejilla y el pelo de una manera muy dulce, limpió un poco mis ojos y cuando quise darme cuenta estaba muy cerca de mí, casi podía sentir su respiración.
- ¿Qué pasaría si te besara ahora? - me susurró.
- No deberías...
Cogió mi cara entre sus manos y yo me dejé llevar, aún llena de harina y con media sonrisa.

viernes, 4 de enero de 2013

Una mirada al pasado y un camino al futuro

Si parara un segundo y echara la vista atrás me encontraría muchas cosas que ahora no tengo y muchas cosas que conservo. Volverían a mi los recuerdos de mi niñez, las amigas que tuve, las que se han quedado y las que se fueron, las caídas y los golpes duros a pesar de ser una chica fuerte, las miradas cómplices; miraría toda una vida. Sin embargo, me encuentro en el presente y estoy orgullosa de todo aquello que he vivido, me siento formada y madura, llena de ganas de seguir avanzando y descubriendo cosas nuevas.
También yo he cambiado, no sólo lo que me rodea, ha crecido mi persona, he pasado de ser una chica tímida y callada a una que dice lo que piensa cuando lo necesita, he pasado de regirme por todo a saltarme algunas normas sólo cuando es necesario, he aprendido a decir que no, he encontrado un caparazón suficientemente fuerte para que no puedan causarme daños y he conseguido lo que un día me propuse.
Nada de esto ha sido fácil aunque a veces mire atrás y piense que sí. Ya no doy importancia a los comentarios ni a las críticas, ahora puedo ser yo misma.
Si le diera al tiempo hacia atrás cambiaría cosas o intentaría resolver problemas que tuve, pero si lo pienso ahora me doy cuenta que quizás sin esas cosas mal hechas no tendría lo que he encontrado ahora, no sabría todo lo que he aprendido, quizás no sería la persona que está escribiendo aquí en estos momentos.
Por eso me siento satisfecha y orgullosa, por eso sé que puedo salir a la calle con la cabeza alta y los tacones pisando fuerte (como dice Andrea Manzanares) y sé que mi futuro, con tropiezos o no, será emprendedor y divertido.
Gracias al mundo por ayudarme a entender que esto sólo sucede una vez.