Si parara un segundo y echara la vista atrás me encontraría muchas cosas que ahora no tengo y muchas cosas que conservo. Volverían a mi los recuerdos de mi niñez, las amigas que tuve, las que se han quedado y las que se fueron, las caídas y los golpes duros a pesar de ser una chica fuerte, las miradas cómplices; miraría toda una vida. Sin embargo, me encuentro en el presente y estoy orgullosa de todo aquello que he vivido, me siento formada y madura, llena de ganas de seguir avanzando y descubriendo cosas nuevas.
También yo he cambiado, no sólo lo que me rodea, ha crecido mi persona, he pasado de ser una chica tímida y callada a una que dice lo que piensa cuando lo necesita, he pasado de regirme por todo a saltarme algunas normas sólo cuando es necesario, he aprendido a decir que no, he encontrado un caparazón suficientemente fuerte para que no puedan causarme daños y he conseguido lo que un día me propuse.
Nada de esto ha sido fácil aunque a veces mire atrás y piense que sí. Ya no doy importancia a los comentarios ni a las críticas, ahora puedo ser yo misma.
Si le diera al tiempo hacia atrás cambiaría cosas o intentaría resolver problemas que tuve, pero si lo pienso ahora me doy cuenta que quizás sin esas cosas mal hechas no tendría lo que he encontrado ahora, no sabría todo lo que he aprendido, quizás no sería la persona que está escribiendo aquí en estos momentos.
Por eso me siento satisfecha y orgullosa, por eso sé que puedo salir a la calle con la cabeza alta y los tacones pisando fuerte (como dice Andrea Manzanares) y sé que mi futuro, con tropiezos o no, será emprendedor y divertido.
Gracias al mundo por ayudarme a entender que esto sólo sucede una vez.