La vida nos amenaza todos los días, es cierto. La vida es difícil e injusta, es cierto. La vida tiene sorpresas que no nos esperamos, es cierto. La vida nos manda alegrías y tristezas, es cierto.
Sin embargo, ELLA, a pesar de todo eso, rompió las barreras. Su infancia no fue fácil, era hija de padres separados y había sido abandonada poco después de ese suceso. No optaba con la tranquilidad de tener hermanos. Estaba completamente sola en el mundo. Pero no le daba importancia, era fuerte, muy fuerte y sabría avanzar.
Ella era diferente a todas las demás chicas; no le gustaba lo que al resto; no se preocupaba por ser baja, alta, guapa o fea; hacía oídos sordos a lo que pudieran decir o pensar de ella. Rompía esquemas por donde pasaba, nadie esperaba su personalidad afianzada para su edad. Había construido una gran coraza entre ella y el mundo, una grande. No lloraba sin algún motivo, sonreía siempre. Era feliz a su manera. Sumida siempre en sus libros y en su música, adraba cantar y tocar el piano. Se habituó a estar sola así que apenas conocía gente. Quien la veía, no la identificaba con lo que era. No tenía amigas, pero tampoco las necesitaba. Quería ser libre, poder salir de donde vivía, quería recorrer el mundo y vivir. Lo había perdido todo para mucha gente, pero para ella había ganado la misma proporción. Aunque si, si que existía una amiga, una de esas que no te abandonan nunca.
Ella era dura y fría, sensible a veces. Ella era distinta. Ella era Itziar.

